EL HOGAR DE LOS SIN TECHOS

EL HOGAR DE LOS SIN TECHOS

Mendigo toca el piano en la calle e impresiona a todo el mundo

este mendigo tocando el piano en la calle esta dando la vuelta al mundo, no es de extrañar es una persona que nadie conoce, de aspecto descuidado, no es famoso pero sin embargo es capaz de impresionar a la gente tocando el piano como un verdadero artista.

Os dejamos el vídeo de esta mendigo increíble tocando el piano, disfruten del vídeo y de la música y si te gusta no olvides compartirlo para que más personas lo vean.

La música te lleva a ese mundo mágico, es donde eres libre de ser y sentir.

La música es el territorio donde nada te hace daño.

Con la música he bailado, he llorado, he reido, he recordado, he besado, he amado, con la música…he vivido.

La música es el inicio de la existencia, el despertar de los sentidos, el arte es infinito como la vida y solo se compara con la belleza ilimitada de la música

Cuando faltan las palabras, habla la música.

La múcica expresa lo que no puede ser dicho y en el que es imposble callar – Victor Hugo.

Sin música la vida sería un error Friedrich Nietzshe

Cuando la música te golpea no sientes dolor Bob Marley

La música es mi religión Jimmy Hendrix

El jarón da forma al vacio y la música al silencio. Georges Braque

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Cuando ella le salva a él:

La historia de amor del mendigo y la abogada.

Michael Martin y Susana Menéndez son una pareja que contrajo matrimonio en agosto de 2017. Su historia comenzó cuandoella era una abogada voluntaria y él un mendigoque dormía en un cajero de Santiago de Compostela. Su vida ha cambiado desde entonces.

La fuerza del amor que fueron creando sacó a Martin de las callesy le animó a publicar su biografía no sabes nunca a donde te lleva la vida (Novum Verlag). Esta obra la expusieron el año pasado en Viena y en Alemania.

La vida de Michael Martin fue intensa desde su infancia, a pesar de nacer en una familia acomodada de Alemania. De muy pequeño se escapaba al cementerio de la ciudad porque le pegaba su abuela materna. «Los muertos no pegan», recuerda sus palabras su mujer, debido a que sus problemas de oído le dificultan interactuar durante la entrevista.

Después de varios años de internados llegó a la universidad, donde entró sin dificultades en Medicina. Sin embargo, no pudo terminarla porque su novia se quedó embarazada y «decidieron abortar», práctica ilegal entonces. Martin acabó en la cárcel por realizar el abortoy «tuvo que abandonar la carrera» por hacer esa práctica.

Ahí se enroló en la Legión francesa, donde participó en la guerra de Libia y Chad (1978-1987). A los pocos años tuvo que salirse debido a un cáncer que un principio parecía terminal. En ese momento en el que estuvo enfermo, «su madre no quiso saber nada» de él.

Tras ser rechazado en el cuerpo, y una vez que se recuperó, volvió a viajar y acabó en Holanda donde «cae en el mundo de las drogas». Llegó a tener mucho dinero porque «vende drogas y consume drogas». Por este trabajo de narcotraficante pasa un tiempo en la cárcely es expulsado de Holanda.

Después de un breve paso por Alemania, «se viene a España». Ahí, «el dinero se le acaba» y termina pidiendo en la calle. Entonces, comenzó con el alcohol por enfrentarse a la realidad de «dormir en la calle».

El mendigo y la abogada se conocieron

«Yo era una voluntaria que trabajaba como jurista social» rememora Susana Menéndez. Cuando conoció a Martín le ofreció varios proyectos como colaborar en un coro para que se fuese integrando. «Como Santiago es una ciudad pequeña, le veía mucho y hablaba con él»explica.

Martín se hizo un análisis de sangre donde le dijeron «que tenía el hígado desecho». «Un médico me dijo que se moría»afirma. Desde entonces le empezó a llevar «una infusión por las noches» y «si le veía una botella, se la quitaba». Aunque en un principio Martín se reía porque tenía más botellas guardadas, la preocupación de esa voluntaria hizo que cambiase de opinión.

«Un día me dio la mano y me dijo, voy  dejar la bebida, voy a dejar esto», recuerda.

Sin embargo, a los siguientes días, le perdió de vista, y se preocupó. Llamó a un hospital y mandó su foto a la cocina económica de Coruña (un comedor social) para tratar de encontrarlo. Finalmente, le acabó encontrando a través de Cáritas, y, «al ver que le estaba buscando» le «prometió que iba a volver».

Michael Martín abandonó la calle

Cuando se volvieron a encontrar, Menéndez había movido sus cartas para que Martín no tuviera que volver a la calle. A la semana encontraron una pensión, y después se fue a vivir con un cura en Texeiro (Coruña) durante 18 meses. Después de que dejase de beber «necesitaba ofrecerle una alternativa».

«Ahí fue cuando nosotros poquito a poco íbamos paseando, hablando y fue cuando empezamos a enamorarnos«.

Martín, debido a un ictus que sufrió hace unos años, tenía dificultades para aprender el español. A pesar de eso sabía hablar alemán, inglés, francés, e italiano. Susana Menéndez recuerda que cuando se conocieron tuvieron problemas para comunicarsedebido a que ella solo sabía «un poquito» de alemán.

Pero, una vez que descubrió que conocía más idiomas, lograron superar esa barrera. «Hablábamos inglés, francés, y yo chapurreaba algo de alemán», afirma Menéndez.

Y acabaron casándose

Michael Martín y Susana Menéndez se acabaron casando «en agosto de 2017 en la Sala Roja del Ayuntamiento de Santiago de Compostela», cuenta Martín. En su primer día como marido, Martín le entregó el manuscrito terminado de su biografía. «Yo era la que le animaba a escribir ese libro, creía en ese libro y en esa historia», explica Menéndez.

Después de la boda, se volcaron en publicar ese libro. Fueron a la Feria de Fráncfort (Alemania), y se lo ofrecieron a cuatro editoriales. Aunque en Alemania para publicar un libro tienes que pagar sí o sí, hay una selección que superaron en todos los casos.

«Todas la querían» detalla Menéndez. Finalmente, se acabó editando con Novum Verlag. El libro, No sabes nunca a donde te lleva la vida, está actualmente solo en alemán, pero esperan poder traducirlo al español lo más rápido posible.

 

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¿Sabías que muchos de los mendigos que ves en la calle son esclavos del crimen organizado?Una moneda, un peso”, pedía una mujer de 92 años en el centro de Toluca, Estado de México. El 27 de septiembre fue atropellada por un autobús al intentar cruzar la avenida. Su muerte reveló la explotación que padecía.

Diariamente, minutos antes de las 8:00 horas, un vehículo dejaba a Esperanza Cruz en la calle de Gómez Pedraza, cerca de una iglesia. A veces bajaba de una camioneta, otras de un auto. Sin importar si el clima era lluvioso o frío, se veía a “la abuelita”, como le decían algunos comerciantes, con varios rebozos, “pero siempre ahí”. Estuvo 10 años, hasta que falleció.

Su jornada terminaba a las 19:00 o 20:00 horas, cuando iban por ella. Esperanza tenía dificultad para ver: se podía observar que uno de sus ojos había sido presa de cataratas, además le era difícil caminar, pues necesitaba de un bastón para sostenerse. Pese a esa condición, lograba andar por las calles cercanas al Cosmovitral y los Portales, donde pedía limosna.

El dinero que caía en su vaso de unicel después era guardado en su bolsa, pero nunca salía de ahí. Los comerciantes se percataron que la anciana no comía, a menos que le regalaran algo, y no gastaba porque lo tenía prohibido.

Hace dos años, la mujer cayó de unos escalones y se lastimó, por lo que unas personas ofrecieron llevarla al hospital en el pueblo de San Pablo Autopan.

En el camino, ella les dijo: “Por aquí vivo. Paso diario”. Siguieron algunas calles y preguntaron si conocían a la señora, ahí les dieron la referencia de una casa. Al llegar, un joven se dirigió a la anciana: “¿Por qué estás aquí?”. En su lugar contestó una de las personas que la auxilió y pidió que, por la caída que había sufrido, la mujer debía recibir atención médica. Le respondieron: “Sí, gracias”, y cerraron la puerta.

Hay una cifra negra entre los casos de explotación ytrata de personas. De las 11 modalidades que sanciona la ley, hay más de 50 mil víctimas al año y sólo se llegan a conocer cerca de mil casos, según información del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública.

De enero de 2011 a noviembre de 2019, en el Estado de México hubo 163 delitos de trata de personas, de los cuales siete fueron con la modalidad de mendicidad forzosa, de acuerdo con registros del Sistema de Gestión Judicial Penal del la entidad.

La mendicidad forzosa significa obligar a una persona a pedir limosna, recurriendo a la amenaza, el engaño u otras formas de coacción. Es sancionado por la ley con cuatro a nueve años de cárcel.

La primera sentencia por mendicidad forzada en el Estado de México fue en 2015 y fue absolutoria. Hasta la fecha, se tienen tres sentencias condenatorias por el delito de trata en esa modalidad, además de cuatro órdenes de aprehensión y una pendiente por cumplimentar desde 2017.

El año pasado, personal del DIF Estado de México buscó a Esperanza en las calles de Toluca para brindarle apoyo. Asistentes de la Iglesia del Carmen recuerdan que esa búsqueda fue en vano, pues esos días no la fueron a dejar. Tras una semana, la mujer volvió, pero la ayuda ya no regresó.

La normalización de la mendicidad y pobreza ha ido contra la detección de la trata en esta modalidad.

Si es difícil identificar a una víctima de trata para el público en general, es más difícil identificar si las personas que están en mendicidad forman parte de un tipo de explotación”, dice Salvador Guerrero Chiprés, presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública. “La desigualdad legitima la esclavitud”, comenta, y permite que algunos interpretan como natural que “las víctimas de trata sean de pobreza”.

La línea contra la trata de personas, 01800 5533 000, es operada por el consejo ciudadano y atendida las 24 horas los siete días de la semana.

Han recibido 3 mil 369 llamadas, de las cuales 76% corresponden a explotación sexual o prostitución ajena; 12%, a trabajo forzado; 9%, a explotación laboral, y 3%, al uso de menores en actividades delictivas.

Aunque no hay un reporte en específico por mendicidad forzada, a veces se combina con trabajo forzado.

¿Quienes son los tratantes?

El experto refiere que los victimarios en materia de trata son “organizaciones delictivas, algunas con conexiones locales, interestatales o internacionales. En ciertos lugares son familias que han naturalizado el fenómeno y cada quien desempeña cierto rol: desde la mendicidad hasta la explotación sexual”.

Para la fiscal especializada de trata de personas del Estado de México, Guillermina Cabrera, los tratantes “pueden ser todos. No hay un perfil único. Pueden ser miembros de la delincuencia, amigos, conocidos o parientes”.

El Estado de México se ha posicionado en la investigación sobre el delito de trata, al obtener 53 sentencias condenatorias.

De mendicidad forzada se tiene un caso en Tlalnepantla. “Vieron a un sujeto que sacaba un quetzal y a un niño que pasaba entre los coches pidiendo dinero y decía: ‘Somos de Guatemala’, pero a los policías se les hizo extraño que no había un parecido físico y resultó que el niño estaba siendo rentado. Lo tenían obligado”, comenta Guillermina Cabrera.

Entre las solicitudes de información, Aguascalientes, Yucatán, Guanajuato, Oaxaca, así como Baja California y Puebla tienen registro de un caso de mendicidad forzosa, pero no hay sentencias al respecto.

Chihuahua y Quintana Roo cuentan con cinco carpetas de investigación por la modalidad de mendicidad forzada y los estados de Sonora, Baja California Sur, Colima y Durango no tienen registro de ningún caso.

Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran una cantidad general sobre el delito de trata de personas, pero no una división sobre los tipos, aun cuando estos constituyen diferencias significativas en características y sanciones.

El Diagnóstico sobre la Situación de la Trata de Personas en México 2019 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) enfatiza en esta separación de las estadísticas para un mejor entendimiento del fenómeno.

La mayoría de las acciones sobre trata de personas se han enfocado más hacia la explotación sexual, por ello hay más datos al respecto y menos en los otros tipos de explotación que abarca la ley, como la mendicidad forzosa.

Necesitamos estar capacitados”, dice el director de la Administración de los Juzgados del Sistema Penal Acusatorio, Lawrence Eliseo Serrano.

Este tipo de hechos deben de investigarse bajo un contexto. Estas figuras delictivas tienen que fortalecerse para no sancionar a los de bajos recursos o en pobreza. En ocasiones es difícil, sobre todo en el tema de mendicidad.

La gente que se encuentra en mendicidad por una situación de miseria o exclusión tiene más riesgo de ser detenida que los miembros de redes de trata, porque la investigación para este delito conlleva más tiempo y recursos”, explica Mónica Salazar, directora de la organización Dignificando el Trabajo.

La asociación civil trabaja con los temas de trabajo forzado y trata de personas. “Probablemente haya condiciones de pobreza que hagan que la gente caiga en mendicidad, pero hay personas que, abusando de las condiciones de necesidad, mueven gente y la fuerzan a permanecer en esa situación para obtener un beneficio. ¿Cuál es más grave? Creo que es donde hay una persona que no te está permitiendo librarte de esa situación y que te ponga cuotas, que si no entregas, conllevan una agresión física, sexual o verbal”.

Los expertos concluyen que la pobreza no se criminaliza, pero sí es necesario que en este país se identifique, se persiga, detenga y se procese a la gente que está usando a las personas en un contexto de trata. La esperanza está en la justicia.

Toluca, Estado de México – El Universal

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Dobri Dobrev: El mendigo que pide en la calle para dárselo a los pobres

Se trata de Dobri Dobrev, un mendigo búlgaro de 99 años de edad. Este hombre ha sido elegido en su país como una de las ‘Personalidades de las Noticias de 2013’ de una encuesta anual realizada por la agencia de noticias ‘Sofia News Agency’. Y es que el motivo ha sido que todo lo que recauda de pedir en la calle, lo entrega a los pobres y a varias iglesias.

Según varias fuentes recogidas por Russia Today,Dobri camina a diario 10 kilómetros desde su pueblo natal de Baylovo en Bulgaria hasta Sofía con el fin de recaudar dinero. Un dinero que, seguidamente, dona a la Iglesia. Y por este gesto, Dobri ha recibido la mayoría de los votos en la categoría ‘Caridad’ de una encuesta anual realizada por la agencia de noticias ‘Sofia News Agency’. Tal y como afirma la página: «todavía hay espacio para la caridad y las buenas obras». Sin embargo, el anciano no guarda nada para sí mismo: todo lo que recauda lo distribuye entre los pobres o lo dona para la restauración de varias iglesias viejas y algunos monasterios ortodoxos de ese país.

Muchos de los residentes de la capital búlgara alguna vez se han topado con él, pero desconocen su historia. «Hasta hace unas décadas vivía una vida normal y corriente, hasta que decidió convertirse en un mendigo por causas religiosas», se puede leer en una página ortodoxa de Facebook.

«Sus ojos cordiales, su sonrisa agradable y su humilde mirada, hacen que este hombre brille ante los ojos de los demás, quienes sin dudarlo se acercan a este anciano pare recibir su bendición», afirma este enlace de Internet.

Dobrev tiene problemas de audición y de momento su meta antes de llegar a los cien años es seguir con este gesto solidario al que dedica la gran mayoría del tiempo.

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El banco en el que vivió Santiago está hoy repleto de velas y flores en su honor

Los vecinos de la calle Illescas han cuidado más de veinte años de Santiago, un sin techo que falleció a mediados de diciembre y que ha dejado el barrio con un inmenso vacío.

 

EL INGENIERO MENDIGO

Javier al que un pelotazo policial le dejó lisiado y sobrevive de la limosna de la gente.

Cotizado ingeniero industrial en su época dorada y experto en la industria automotriz, Javier, un lector innato y profundamente perfeccionista, encuentra la felicidad y la supervivencia en las calles. En la salida del metro de Abando con la cabeza agachada, arrodillado sobre cartones y bajo la lluvia le pide a Dios: «soy cristiano evangelista y sé que él me ayuda cuando cree que lo merezco», asegura mientras se fuma un cigarrillo y la gente pasa a su lado dándole una limosna.

De aquel ingeniero solo quedan las historias y los recuerdos de sus grandes trabajos. Hace 15 años le cambió la vida y lo trajo del cielo a la tierra. Ahora, con 54 años e inválido de por vida, vive en las calles y duerme en albergues. «Estoy dañado de las piernas. Hace muchos años en una huelga me pegaron un pelotazo y me afectó los nervios». La polineuropatía periférica es una afección que causa una disminución en la capacidad para moverse o sentir, por eso Javier está de rodillas en las puertas del Corte Inglés.

Siempre agarrado de un paraguas, aunque no llueva, lo utiliza como bastón para apoyarse al caminar. «Sentado me parece que soy más pequeñito que me pisan y de pie paso desapercibido, la gente me tiene que mirar», cuenta Javier mientras mira a los niños con sus padres a la espera del desfile de Reyes.

En la vida de muchas personas la familia es el soporte y motor que los hace continuar, en la vida de Javier ha sido todo lo contrario. «He ayudado a la familia y ahora ellos no quieren saber nada de mí, se avergüenzan de verme». Su madre, la única que lo apoyaba y le daba afecto, falleció la Navidad del año pasado dejando a su hijo solo en las calles. «Cuando muere mi madre muere todo». Su familia lo discrimina por su forma de vida, se avergüenzan de verlo en esa condición, incluso su única hija, de la cual no sabe nada desde que se fue a Venezuela hace más de 5 años.

Con la esperanza de poder recoger un poco más de dinero, todos los días de diciembre, iba a la Gran Vía a tocar los corazones de las personas que le ayudaban con algunos céntimos. Cada día es la oportunidad de conocer gente nueva. A pesar de vivir en las calles se considera una persona feliz, dichoso de conocer personas buenas y con un gran corazón. «Yo quiero que la gente sea feliz, yo soy feliz, ahora me toca hacer esto, esta es mi vida», admite con resignación.

La historia de Javier es una de tantas vidas que se pueden encontrar en Bilbao, sin protección, ni cobijo. En el País Vasco existen recursos para atender a las personas sin hogar, y a pesar de eso hay más de 200 hombres y mujeres que duermen en la calle. La discriminación y exclusión que sufren les produce un trauma psicológico que los afecta aún más. El no tener donde dormir, que comer, estar solo y en la calle es la peor condición que existe para un ser humano. «Quizás me juzguen erróneamente, a mí me gusta leer mucho, no soy ningún vago, la vida me ha traído aquí» expresa Javier con cara de tristeza, al momento de recoger los cartones donde se apoyaba, porque su día de trabajo ha terminado.

Articulo publicado en la sección “ vivir en la calle “ por el alumno José Xavier Rodríguez Aráuz durante el Master de periodismo 2017/18

Diario Masther

Me miran de reojo, con temor y recelo, como si con la mirada pudiera contagiarles. Se alejan de mi, manteniendo la preceptiva distancia de seguridad. Aguantan la respiración a mi paso para no aspirar el dióxido de carbono que expiro con dificultad. Toso y en algún momento tiemblo, afectado por una ligera fiebre. Tiendo la mano, solicito ayuda con un gesto similar al ofrecimiento de la sagrada forma, pero solo consigo repudio y expresiones de rechazo. Una roida bufanda cubre mi boca a modo mascarilla. El dolor recorre mis músculos. El frío me abrasa de tanto tiempo al raso.
No, no padezco Covid 19. Sin embargo, vivo como si lo padeciera, desde hace mucho tiempo. Vivo en la calle. No tengo casa. Tampoco ahora. Mañana, probablemente, cuando ya no exista el dichoso virus, también»
R. B.
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