La melancolía

La melancolía

La melancolía, ese peaje o impuesto virtual que se paga cuando el contador de tiempo ya acumula los suficientes recuerdos. Imposible de evitar. Imposible defraudar. Y si pasa aún mas tiempo, el peaje acostumbra a ser mas caro y convertirse en tristeza, una carga mucho mayor. En cambio, cuando el contador esta en las primeras vueltas, parece que es la alegría la que predomina, hinchada de vida por caminar, libre de gravámenes. 

El dichoso peaje es visible en los rostros de las personas, en su mirada, en su tímida sonrisa, en su aspecto asustadizo. Lo llaman envejecer pero probablemente es la imagen de esos sentimientos. Como si el recorrido de las lágrimas por las mejillas dibujara su forma, su impronta, su firma. Los ojos no tan abiertos como antaño, comprimidos por los recuerdos. La sonrisa no completa, desconfiada, atemorizada por los palos de la vida. La mirada recelosa, como advirtiendo que no cabe otro golpe mas.

Yo, como otros muchos que empezamos a pagar ese impuesto, llevo un tiempo paseando por la calle melancolía del gran Sabina. A veces consigo coger aquel tranvía y me quedo un rato en el barrio de la alegría. Otras veces, ni siquiera salgo a la calle, y me quedo mirando desde la ventana la placita de enfrente. En mi barrio, la llaman ‘de la tristeza’.

Mi calle melancolía es muy larga. Cada escaparate de los locales que forman la misma es un fragmento de la vida andada hasta ahora, un fotograma de ella. Los primeros locales son muy luminosos, alegres; los últimos, mas solitarios, algo fríos. El primer local abrió sus puertas hace ya bastantes años. Últimamente están abriendo varios negocios mas, a buen ritmo, y la verdad es que funcionan muy bien.

Cansado de andar, he aprovechado a sentarme en una escalera. Junto al local número 7. Miro a través de su escaparate. Dentro, rostros muy conocidos, momentos de ternura, actividad frenética. He silbado aquella melodía mientras recuerdo. Algunas lágrimas, nuevas arrugas…

RB.

No hay comentarios

Déjanos un comentario