¡ Mamá quiero ser bailarina !

¡ Mamá quiero ser bailarina !

      En uno de los barrios mas castizos de la capital, el del Rastro, una mañana del 20 de mayo de 1925, Concepción Martín Villa vio por primera vez el cielo de Madrid. Un miembro más acababa de llegar a esta muy humilde familia, pero rica en valores humanos; valores que eran y son una piña a día de hoy.

     El bebé nació cuando se inauguró el Teatro Alcázar de Madrid, y se editó el Quijote, en el sistema Braill.

A Conchita no le faltó  mucho tiempo para que todos vieran en ella que                por sus venas corría el arte.niña solo quería bailar por encima de los  juegos callejeros, las muñecas y la escuela, – recuerda a su maestra de párvulos, Doña Etelvina.

    La familia se mudó a otro de los barrios mas populares, Vallecas, donde sigue viviendo. Su padre murió joven, haciendo empeorar la ya maltrecha economía familiar, y más con la llegada de la guerra. Ella era la hermana mayor y otros dos chicos; vamos, muchas bocas que mantener. La abuela materna, Magdalena, era modista y se hizo cargo de ella pues era su ojito derecho, pero sin dejar de ayudar en otras tareas de la familia. Con retales le confeccionaba los trajes de bailarina

   El padre de Conchita, se negó en vano a que la niña cogiera ese rumbo en la vida; su madre en cambio la apoyó, pues el amor que tenía por el baile era imparable. Adoptó el nombre artístico de Conchita de Triana, a raíz de un comentario de alguien que, viéndola tan graciosa, dijo que era más propio de una andaluza. Le gustaban las sevillanas, el flamenco y baile clásico español.

   Ni los ascendientes ni descendientes, tomaron el camino del espectáculo, salvo Juan su abuelo materno, que fue equilibrista, y formaba parte de un grupo que se hacían llamar “ Los cinco Juanitos “. Tuvieron mucho éxito en Europa, llegando a tener circo propio. Actuaban entre Paris, donde vivían, y Londres
   Conchita acudió a una academia cerca de la Puerta del Sol y ya desde muy joven despuntaba. Empezó a recorrer los cafés teatro del norte de España, con el grupo “ Los Chavalillos de España “. Su madre siempre la acompañó, dejando a la abuela Magdalena y la bisabuela también llamada Concepción, al cargo del resto de la familia. Trabajó también en la compañía de Luisita Esteso.

   Se casó con Manolo, un jovenzuelo santanderino muy guapo en la iglesia San Ramón Nonato, el 28 de septiembre de 1945. Manuel, empleado en la Delegación Nacional de Sindicatos, tenía una pierna ortopédica, ya que la perdió al pisar una mina en los campos de Alemania, cuando luchaba en la división azul. No fue impedimento para enamorarse y quererse hasta el último día. Manuel ya no está con nosotros. Aprendió a tocar la guitarra para estar siempre junto a ella. Sus celos estaban justificados, a las fotos me remito. Conchita apunta que ella también lo era, porque su marido era muy guapo.

  A la pareja se les unió un tercer componente, Paco “ el sevillano” un alumno aventajado de la academia. Nos cuenta el episodio de una actuación a tanto por ciento que les salió en Chiclana, que no resultó, quedándose el trío en la calle sin haber cobrado y sin posibilidad de conseguir dinero para regresar a casa. Pero a la buena gente, se les presenta otra buena oportunidad. Manuel le expone la situación a un camionero que volvía a Madrid, éste no dudó un momento en llevarlos  y además les invitó a comer.

   El trio fue contratado para el pabellón español de la expo de Brusela de 1958. Estuvieron un año separados de la familia, pero todo los meses enviaban mil pesetas a Madrid, que tanta falta hacían. Los tres recorrieron todo España, las cinco pesetas que cobraba el grupo, buenas eran.

Conchita compartió tablaos, como el de “ Las Brujas” un local de la Gran Vía, la cafetería“ La posada del mar “ con Josefa Cotillo “ La Polaca “ Lola Flores, Carmen Sevilla, Antonio Machín y otros tantos famosos de la época. El número que más le solicitaban, y que a ella le encantaba bailar, era “ La danza del fuego” de Manuel de Falla, que nos tarareó mientras yo tomaba notas

( Conchita, a la izq Paco » El sevillano » y Manolo a la guitarra.)

De su matrimonio, llegaron los pequeños Concepción y Manuel. Como podrán comprobar, estos nombres se repiten constantemente, los hijos crecían y ya había que estar juntos a ellos, por lo que tuvo que dejar de actuar. Pero como había que buscar el sustento, creó también una modesta academia, daba clase en un club social “ La Peña “, donde se reunían cantantes y guitarristas. Cuando el local se cerró, dio clases en su casa que era comedor de día y dormitorio de noche. Su casa era una vivienda de muy pocos metros cuadrados. La hija de Conchita, también Concepción, recuerda que en su casa siempre había gente bailando y tocando, a pesar de los vecinos. 

    En la actualidad Conchita vive con su hija y acude a diario a un centro de Día. Su otro hijo vive en Oslo. 

    Esta simpática abuela, lleva muy bien sus 94 años, tiene muy buen apetito, se mueve con soltura y lo que más le gusta es que la aseen para salir, después del desayuno, a la calle bien vestida, pintada y perfumada. Se ha adaptado muy bien al Centro, ganándose la simpatía de las cuidadoras.

    Su deterioro cognitivo tipo Alzheimer, grado 3, no le impide  llevar una vida cómoda, rodeada de mucho cariño familiar.

 ¡Podemos prometer y prometemos! que cuando Conchita de Triana, cumpla los cien, lo celebraremos con la actuación de uno de los grupos.

C.H.

3 Comentarios
  • Concepción Martín
    Publicado a las 07:49h, 16 junio Responder

    Hola Carlos, he leído con mucho interés el relato que has desarrollado, me parece genial, has tratado todos los temas con una gran sensibilidad no exenta de sentido del humor.

    Muchas gracias se lo enviare a mi hermano y se lo leeré a ella, seguro les encantara.

    Un abrazo y muchas gracias otra vez.

    Conchi

  • SONIA MARTIN GAMEZ
    Publicado a las 08:33h, 24 junio Responder

    Muchas gracias por este reportaje. Para mi tía tiene mucho significado, pues cuando eres mayor el pasado te supone una ilusión, un motivo de alegría por el que seguir viviendo. Por esto, os agradecemos toda la familia, este reconocimiento a una vida de lucha y arte a raudales. Estamos muy orgullosos de ella, su casta llega y llegará a todos sus descendientes. Te queremos tía Conchi..

    Sonia

  • Juan Rafael Lopez
    Publicado a las 10:24h, 24 junio Responder

    Me ha gustado mucho.
    Conozco personalmente a Doña Concha y a su hija Conchita. Os puedo asegurar que son personas entrañables.
    Y Doña Concha se merece este reconocimiento, y más…
    Un abrazo.
    Juan

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